Cada día salgo de mi Hogar, bajo las escaleras: tum tum tum tum*. Tomo mis llaves, las inserto en la Puerta que da hacia la calle. La brisa levanta mi pequeña melena castaña. Subo mis lentes para enfocar bien mi vista, reviso mis bolsillos, reafirmo mi vieja boina francesa, desempolvo el smokin negro y sigo caminando sobre las otoñales y marchitas hojas.
Subo al transporte público, oigo los típicos insultos y quejas, parte de la Humanidad, del desgraciado que finge la sonrisa al llegar al Hogar, de la mentirosa esposa que luego de trabajar se dirige donde su amante a recordar viejos tiempos, de los atareados telefonistas que esperan el momento donde el Bus parado esté para dar con mucha más claridad su parlamento.
Veo asomarse los pilares de la magnífica construcción imitando a los templos griegos, de la estación ferroviaria. Cada día debo subir en la tercera estación de esta línea y Viajar quince estaciones para educar y aprender.
Rutinario, aburrido, frío para luego ver aquellas sonrisas tan fulgorosas.
Es la misma gente, los mismos ojos, las mismas desgraciadas bocas llenas de miseria, los mismos trajes grises, los ojos apagados, las ojeras marcadas, la Vida despechada.
Pero aquel día fue distinto...
La vi sentada, extraño entre hipócritas señoras de tacón alto con bolsos de inmensas proporciones.
La vi, con sus ojos almendrados de un color cobrizo, unas gafas de marco plástico morados, una mirada ausente para los miserables humanos. Atenta a un extraño. Me miraba.
Me fijé en detalles tontos pero exquisitos de nombrar: sus ojos deliniados formando más aún la almendra que deseaba mirar de cerca, unos pómulos marcados, pero tan finos, dignos de acariciar. Su cabello de tonos caoba, que emitía un calor enorme. Y por último y aquello que hizo un Deseo físico en mí, sus labios, marcados, llamativamente atractivos, en la tonalidad de fuego Perfecto.
Aquella era la Mujer de mis sueños.
Y por un momento, mientras el Vagón en el Túnel se hallaba, nuestras miradas fueron más allá de la Iris, leyó mi Mente, vi la suya: un Océano grandioso, un Mar de Sueños, un Río de Aspiraciones, de la Belleza anímica que intentaba plasmar en mis alumnos, un constante Calor tan Tierno, quería quedarme allí, en su Mente, deseaba tenerla.
El Tren se detuvo, desperté nuevamente rodeado de los Infelices. Ya no me miraba y me sentía fatigado. Se levantó, las quejas comenzaron, a ella nada importaba. Caminó hacia la puerta, estaba a mi lado. ¿Qué haría ella? Sentía el vaho de su Aliento, esos labios llamándome, mi Alma derritiéndose por aquel Perfecto Ángel.
Mi boca comenzaba a articular: ¿Cómo te...?
Bajó en la estación que seguía, caminó a paso apresurado por el andén hasta que desapareció de mi vista. El sonido de sus pisadas poco a poco rompía mis Ojos, su Aroma destrozaba mi Mente, y el anhelo de escucharla extasiaba mis Oídos.
Desde allí que todos los días desempolvo mi smokin negro, reafirmo mi vieja boina francesa, camino sobre las otoñales y marchitas hojas y pienso que nada interesante va a ocurrir.
Desde ese día no sale de mi Mente.
*Ampolleta Verde, ¿te recuerda algo?
Ampolleta Verde presente, mi estimado ser de perfecta expresión. Palabras amo, palabras veo, y así mismo yo las leo. He de fascinarme de la gracia que me entrega ir acariciando cada letra velozmente, cada vez más rápido, sí, hasta llegar al bello punto final. Mi imaginación vuela de forma singular al mirar vuestro mundo, me agrada entrar en él. Ya teniendo conocimiento de vuestra realidad, me encanta mezclar como mil colores, las situaciones que crea esa espectacular mente que posees. Gracias, reitero por compartir el bello 'cogitare', me deleité principalmente, del juego que me has ofrecido, relacionar con lo que ya sé. Magnífico o mejor dicho...Blnoso' como siempre. Hasta otra palabra digna de apreciar, mi singular compañero.
ResponderEliminarPD: Eltit, TUM, TUM, TUM* me fascinó, debo agragar. Me alegra haber compartido aquel tesoro con vosotros.