'Antes que muera lo despertaremos. Haremos que deje de vivir en aquella miseria. Él vive más que los otros'.
Aquellas fueron las últimas palabras del directos de este manicomnio al ver que Bee, el mejor psiquiatra que haya pasado por aquí, se convirtiese en el más loco y rey de ellos.
Doctor Helius Bee, procedente de un linaje de hombres fascinados en la astrología y el misticismo solar. A temprana edad fue descubriendo otra rama, olvidada por los evos, que estudiaron sus ancestros: el Cognitismo Heliastico; es decir, el conocimiento puro y la Verdad Suprema a travez de la Luz Solar.
Parece de ficción, pero recopilando hechos, los dioses solares no eran más que humanos al que el Astro Rey dio su Divinidad.
Él subía montañas y comenzaba a meditar. El Sol calentaba su craneo, matando sus neuronas, pero no era menos Sabio por ello. Bajaba meses luego sabiendo toda la Realidad y Hechos de su ciudad, luego de su región y país.
Cuando llegó al Centro Psiquiátrico nos asombró que supiese como era cada uno de los maniacos, sus problemas, hasta su pasado. Helius no descansaba, iba de ala en ala socorriendo los enfermos, su medicina: la Palabra. Sólo eso y el más demente se calmaba. Era un genio, el Ermitaño, la Abeja Exploradora como le apodamos.
Poco a poco fue dejando su cordura, sus ropajes. Vimos que tenía tatuado un Gran Sol en su pecho con palabras como miseria, muerte, mentiras, odio, sadismo, culpa. Una larga lista de horrores escritos.
A pesar de todo, de los insultos de los demás doctores, nunca dejó de ser un Modelo, un Camino a seguir, un Sabio para mí. Mucho menos ese día 25 de noviembre.
-Doctor Helius, lo necesitamos en el ala segunda - dije con voz calmada mientras estaba sentado bajo el inmenso sol de verano.
-Calma, Ulfric. No hay de que apresurarse.
-¿Es el Sol quien destruye sus neuronas? - y creo fue el peor error que pude cometer, pero también el mejor regalo que pudo darme.
En menos de un segundo, a pesar de las distancia, su mano posaba mi cuello contra el muro, deseando estrangularme.
-He visto horrores que tu nunca, ni en tus más terribles pesadillas, vais a ver. He visto el Alma de todo el Mundo, no soy más que un vago receptor de las Tinieblas. La Luz que nos brinda el Sol llega a todos lados, a todo el Mundo. Sé quién eres, se qué son cada habitante de este planeta. ¿Cuánta desgracia, no? Soy el más miserable por conocer cada pecado humano. He sentir la Muerte millones de veces por segundo, he sentido nacer, he sentir dolor, sufrimiento. He sentido Mentiras. He Sentido Amor y Odio en un mismo instante. Así, no puedo Existir.
Los Locos lo nombraron su Rey, un Dios, y lo parecía.
El Director Augustus Moench dio la orden de matar a Bee, no servía que el mejor fuese el más loco de todos. Me sorprendió ver que aún así, reconocía bajo su ambiciosa mentalidad, que el Ermitaño era un Sabio.
Helius Bee, la Abeja Exploradora, sabía de su muerte. Horas antes de su condena entró en mi despacho.
-Augustus desea matarme, ¿no? Está bien, sé cada verdad y Vivo. Tú eres el siguiente.
Me miró con sus dos brillantes ojos.
No, no eran ojos.
Eran Soles.
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ResponderEliminarDelicioso. Imagino una masa de nebulosa saliendo de un pequeño hueco, un hueco infinito, indestructible que se agranda y se agranda...para así cada vez más dejar ver la indescriptible belleza de su encanto. También un cofre que se abre de a poco, cada palabra un centímetro de abertura, y así mismo la emoción y éxtasis corren por mi sangre al descubrir, delirar, para dejar al fin a la vista lo que posee, o ha poseído durante tanto tiempo...Un Tesoro,que sólo y tal vez una persona fue la única que logró encontrarlo. Eso me sucede cuando leo tus Pensamientos Marcianos', eso me pasa cuando te leo a ti.
ResponderEliminarQue la curiosidad te devore en un plato.